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Subject: El Ché, un mito que declina (lo mismo que decir un Bluff)


Author:
Eduardo
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Date Posted: 08:50:53 10/17/07 Wed





El Che, un mito que declina*
**
* *Por Eduardo Mackenzie

10 de octubre de 2007

De Ernesto Guevara no queda más que una efigie, una foto retocada y
monótona, que portan miles de adolescentes en el mundo, por rutina es
cierto, pues la gran mayoría de ellos ignora que el hombre impartía la
muerte a donde quiera que fuera. Pocos entre ellos han leído los textos del
personaje, donde la violencia llamada 'política' es el alfa y omega de un
pensamiento que se pretende revolucionario, justiciero y puro.

El 40 aniversario de la muerte del Che, gris a más no poder, muestra que la
verdad respecto de ese personaje se abre paso, por fin, en los cinco
continentes. A diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones, esta vez
sólo hubo dos celebraciones oficiales. La más obvia de todas, la de Cuba,
fue un acto rutinario, sin brillo, pues Raúl Castro, quien reemplaza a su
hermano Fidel en la conducción de la isla, nunca fue un idólatra de 'el
argentino', como Raúl llamaba a Guevara.

En Bolivia, la celebración fue repudiada por más de la mitad de la
ciudadanía. Esta, con razón, no acepta que Evo Morales haga el elogio de una
invasión de mercenarios que a mató 55 soldados bolivianos (y a algunos
civiles), y que pretendía, en 1967, poner el país bajo la bota de la
dictadura cubana. 'El homenaje debería ser hecho a los soldados que
derrotaron a ese envasor', estimó el general Gary Prado, quien dirigió la
columna militar que capturó al Che. El general Ricardo Farfán, comandante de
la octava división del Ejército, encabezó un acto militar en honor de las
fuerzas militares que combatieron a los guerrilleros de Guevara. Ningún
ministro de Morales se hizo presente.

En Caracas, el homenaje oficial al Che se vino al suelo cuando los delegados
de las Farc, invitados bajo el pretexto de los pretendidos diálogos con el
presidente Hugo Chávez para la liberación de los rehenes en Colombia, no
pudieron llegar a tiempo. La 'revolución bolivariana' iba a mostrarlos como
el ejemplo vivo de la actualidad del pensamiento del Che. Los 'ejemplos
vivos' irán sin duda a Caracas un día, cuando puedan, pues en estos días
dependían de un salvoconducto que su enemigo, el gobierno del presidente
Alvaro Uribe, no quiso darles.

El culto del 'héroe' cubano-argentino había decaído bastante en los años
1990. Pero fue revivido en 1997 por La Habana tras el hallazgo (que algunos
cuestionan), de los restos del guerrillero en Bolivia y la construcción de
un mausoleo en su honor en Santa Clara. Diez años después, el mito del
'hombre más maduro de esta época', como lo llamara un día Jean-Paul Sartre,
se destiñe y los estudios críticos comienzan a interesar al gran público.

En Francia, donde tantos intelectuales de renombre avalaron durante décadas
el sistema soviético y sus satélites, y cerraron los ojos ante los crímenes
inmensos del comunismo, también se instala un nuevo clima de reflexión sobre
esos temas. Numerosos artículos, reportajes y libros que muestran al
verdadero Guevara, vienen siendo publicados desde 2004. En octubre de ese
año, Le Monde publicó un texto impecable bajo el título de 'El guevarismo no
es un humanismo'. El mismo año, el diario madrileno El País dejó pasar un
artículo excelente: 'El mito truncado del Che', que recordaba todos los
fracasos repetidos del personaje cuando se desempeñó como guerrillero,
economista, diplomático y político. En noviembre de 2006, la revista
francesa Historia publicó un dossier de cuatro textos. El de Remi Kaufer
habla del Che como títere de Fidel, el de Jacobo Machover examina las
matanzas en La Cabaña, el de Vincent Bloch la destrucción de la economía de
la isla, y el de Paul-Eric Blanrue trata acerca del 'comandante de las
guerras perdidas'.

El nuevo ensayo de Jacobo Machover, escritor e historiador cubano exilado en
Francia, publicado en francés hace unos días, es uno de los más penetrantes
y agudos. 'La face cachée du Che' muestra al hombre autoritario que era
Guevara, temido hasta por sus colaboradores más cercanos y autor de cientos
de fusilamientos ilegales y de otras atrocidades en Cuba, el Congo y
Bolivia. Machover revive, en particular, los crueles episodios del cuartel
de La Cabaña, donde el Che, tras el triunfo del ejército rebelde, hizo
fusilar a 164 personas, entre el 3 de enero y el 26 de noviembre de 1959,
actividad por la que se ganó el apodo de 'el carnicerito'. Antes de la
derrotta de Batista, el Che había ordenado el fusilamiento de otras tantas
personas, incluidos algunos de sus propios combatientes.

No todas las víctimas de Guevara eran, como la propaganda castrista afirma,
'esbirros' de Batista. En La Cabaña había opositores políticos y gente
inocente. El caso de Rafael García, 26 años, un agente de policía que nunca
participó en hechos de sangre, es conocido. Condenado a muerte en un
simulacro de juicio, fue pasado al paredón por el lider guerrillero. Sergio
García logró demostrar la inocencia de su hermano a Ernesto Guevara. La
respuesta de éste fue: 'Su hermano es quizás inocente, pero el portaba un
uniforme azul. Debe entonces morir'.

Este 8 y 9 de octubre, la prensa parisina publicó artículos sobre los 40
años de la muerte de Guevara. 'El Che, angel cruel, cae de su pedestal',
titula Le Figaro, el principal matutino del país. François Hauter, autor del
texto, dice : 'El Robespierre cubano era un torturador iluminado y sin
piedad'. La revista L'Express no se queda atrás. El reportaje de Alex
Gyldén se intitula 'Guevara: sangre sobre la estrella'. Gyldén entrevistó a
varios testigos de esa época aciaga, entre ellos al sacerdote Javier
Arzuaga, ex capellán de La Cabaña, quien publicó en 2006 sus memorias y
algunos de los testimonios que recibió de los condenados a muerte. 'El Che
nunca trató de ocultar su crueldad', estima el sacerdote. 'Por el contrario.
Entre más se le pedía compasión más él se mostraba cruel. El estaba
completamente dedicado a su utopía. La revolución le exigía que hubiera
muertos, él mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía'. Arzuaga evoca un
detalle que dice más que lo anterior: 'En La Cabaña, cuando las familias
iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a
exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca.'

El historiador Pierre Rigoulot, dedica páginas interesantes al Che en su
voluminoso trabajo intitulado 'Coucher de soleil sur La Havane, la Cuba de
Castro, 1959-2007'. Guevara, dice Rigoulot, 'rechazaba los compromisos y las
contingencias de la vida cotidiana, lo que para ciertos analistas
constituye una fascinación por la muerte, mientras que otros ven como una
sed de santidad y de amor por lo absoluto'.

En su libro de 1965 El Socialismo y el hombre en Cuba Guevara aborda el tema
del 'hombre nuevo', utopía central de los dos grandes totalitarismos, el
comunismo y el nazismo, y dice trivialidades como ésta: 'El hombre nuevo
será completo, total, pleno', y alcanzará 'la plena realización como
creatura humana'. Su aporte original, si lo hay, tiene que ver, por lo
contrario, con la devastación y la muerte: el Che preconiza la destrucción
de la civilización occidental, 'la cual oculta detrás de su fachada pomposa
una banda de hienas y chacales'. Rigoulot concluye: 'Su exaltación de la
muerte, asociada a su incompetencia en materia económica y financiera cuando
era ministro, ofrecen algunos datos útiles para desmontar el personaje así
como la ideología que lo acompaña: lo importante para él es vivir lo trágico
de la Historia ('la hora de los braceros'), rechazar la prosaica y apagada
búsqueda de una expresión democrática y del desarrollo económico.'

Guevara era, en efecto, un exaltado que no vaciló en decir ante una asamblea
general de la ONU estas palabras escalofriantes: 'Si, nosotros hemos
fusilado; nosotros fusilamos y seguiremos fusilando hasta cuando sea
necesario'. Otro aporte de Guevara al 'humanismo' de todos los tiempos, que
los jóvenes pacifistas que deambulan con el rostro del Che en sus pechos
probablemente ignoran, es esta fórmula de antología de su conocido Mensaje a
la Tricontinental, que constituye, en verdad, su único testamento político:
'el odio intrasigente del enemigo'. Ese, 'odio intrasigente del enemigo' es
el que, según Guevara, 'empuja más allá de sus límites naturales al ser
humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fria máquina de
muerte'.

Impermeables a esta revolución teórica y a todo diálogo, los grupúsculos de
extrema izquierda francesa, son los únicos que intentan relanzar el culto
del Che. El diario comunista L'Humanité lanzó un ladrillo de varias páginas
para tratar de demostrar la 'originalidad' del pensamiento de Guevara. El
resultado no es convincente. Por su parte, Olivier Besancenot, lider de la
trotskista LCR, publicó un panfleto elogioso del Che, que evita, claro está,
los puntos más obscuros y terribles del hombre. Allí el lector encontrará,
en cambio, una serie de lugares comunes y de interpretaciones abusivas sobre
Guevara, como aquella que pretende que 'la meta definitiva' de éste era 'el
cambio social con desarrollo individual'.

No es sino ver lo que la dictadura de los hermanos Castro ha hecho de Cuba
para adivinar qué es lo que promete Besancenot con su 'cambio social con
desarrollo individual'. El jefe de la LCR no es el único en poner en remojo
un cierto discurso habitual. Aleida Guevara March, la hija de Ernesto
Guevara, aseguró en estos días en París: 'El Che no fracasó, los pueblos se
agotan, pero las revoluciones siguen siendo posibles' . ¿De qué tipo de
revolución habla ella? Aleida Guevara March no es muy diserta al respecto,
ni acerca del nuevo socialismo que impulsan los Castro, Chávez, Morales y
Ortega. Ella habló, eso sí, de una categoría obscura : de 'la nueva sociedad
más fuerte'. ¿Un nuevo tipo de dictadura?

En Colombia, algunos periodistas, sin mentirse sobre el fracaso de la
cosmogonía guevariana, no pudieron evitar, a pesar de todo, la trampa de la
comparación entre el Che y Cristo, entre el Che y Rimbaud. Esa comparación
es absurda. Ni Cristo ni Rimbaud llegaron a matar a nadie.

Eduardo Mackenzie

Periodista

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