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Subject: EL "CHE" : COMO SE HA ENVENENADO A LA JUVENTUD CON FALSEDADES DE FALSOS HEROES


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Date Posted: 17:44:03 10/14/09 Wed


CHE GUEVARA:
POR LA BOCA MUERE EL PEZ



Tamakun1 en ABC de Madrid







Por Humberto (Bert) Corzo*
Columnista


Introducción

El refrán “Por la boca muere el pez”, se refiere a aquellos que hablan más de lo necesario hasta quedar embaucados por su propio discurso. ¿Puede su mítica reputación sobrevivir la publicación de sus propias palabras?

El objetivo de este artículo es exponer la verdad sobre el Che, desmitificarlo ante aquellos que sienten admiración por este asesino en masa, exponiendo los hechos basados en sus escritos, diarios, discursos, cartas, conversaciones y comentarios de aquellos que lo conocieron.

El Che jamás cuestiono los crímenes de Stalin y Mao, ni las concepciones totalitarias del Marxismo-Leninismo, incompatibles con los ideales de libertad y democracia, defendiendo hasta su muerte sus ideas estalinistas. Su fanatismo lo hizo un implacable enemigo de la libertad. El escritor francés Regis Debray, autor de “Revolución en la revolución”, escribió sobre el Che que: “Él era adepto del totalitarismo hasta el último pelo del cuerpo.”

Enlace: http://www.lanuevacuba.com/archivo2009/Ene/humbert o-corzo-11.htm
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Un ex guerrillero cubano acusa a Castro de traicionar al Che por orden de Moscú


Daniel Alarcón Ramírez afirma que la muerte del Che «se debió a una maquinación de la que son responsables Fidel Castro y la Unión Soviética».
Efe 24/1/2009

El ex guerrillero cubano Daniel Alarcón Ramírez, alias «Benigno», ha acusado al líder cubano Fidel Castro de «traicionar» a Ernesto «Che» Guevara por orden de Moscú, que le consideraba «una personalidad muy peligrosa para sus estrategias imperialistas».

En declaraciones que publica hoy el diario italiano Corriere della Sera, Alarcón Ramírez afirma que la muerte del Che «se debió a una maquinación de la que son responsables Fidel Castro y la Unión Soviética».

«Benigno» es uno de los tres guerrilleros que tras la muerte del Che, el 8 de octubre de 1967 en Bolivia, logró eludir la persecución de las tropas bolivianas y llegar a Chile.

«Los soviéticos consideraban a Guevara una personalidad peligrosa para sus estrategia imperialista y Fidel se plegó por razones de estado, visto que la supervivencia de Cuba dependía de las ayudas de Moscú. Y eliminó a un compañero de lucha molesta. El Che era el líder más amado del pueblo», afirma.

Alarcón Ramírez asegura que querían exportar la revolución, pero que fueron abandonados en la jungla boliviana.

«El Che fue al encuentro de la muerte sabiendo que había sido traicionado», asegura «Benigno», que entró a los 17 años en el grupo del comandante Camilo Cienfuegos después de que los soldados del dictador Fulgencia Bastista incendiaran su finca en Sierra Maestra y mataran a su esposa, Noemi, de 15 años, embarazada de ocho meses.

Asegura que él disparaba mejor que nadie, pero que no sabía que era el socialismo y que el Che se lo «enseñó todo».

«No era fácil lograr su confianza, pero era un hombre honrado y bueno. Era el único entre los líderes que pagaba de su bolsillo el coche de servicio», recuerda «Benigno», que vive en París.

Con casi 70 años, afirma que Cienfuegos y Guevara «hacían sombra a Fidel» y que había diferencias en el grupo dirigente.

«Cienfuegos murió en un misterioso accidente y yo estaba con Guevara en el Congo cuando Fidel hizo pública una carta en la que el Che renunciaba a cualquier puesto y a la nacionalidad cubana. El Che comenzó a dar patadas a la radio mientras gritaba: ‘mirad a dónde lleva el culto a la personalidad’», asegura.

Cuando regresaron a La Habana, Castro les propuso ir a combatir a Bolivia, tras garantizarles el apoyo de los comunistas, la cobertura de agentes secretos y la formación de nuevas columnas, pero que cuando llegaron «descubrimos que el Partido Comunista boliviano no nos apoyaba tal vez por orden de Moscú».

El Che Guevara fue detenido y asesinado un día después, mientras que Benigno y los compañeros Urbano y Pombo lograron salvarse «con la ayuda de Salvador Allende, presidente del Senado chileno, y llegar hasta Chile».

A partir de ese momento, Benigno comenzó a desilusionarse, al ver como Urbano era arrestado y Pombo nombrado general. «Comencé una doble vida» que duró, asegura, hasta que huyó a París en 1996.
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El hombre nuevo

Durante los últimos 50 años los jóvenes han sido indoctrinados con el concepto del hombre nuevo, que ha de ser completo, desinteresado, comunitario y de valores morales antes que materiales. El resultado ha sido un hombre nuevo incompleto, envidioso, individualista, de doble moral y materialista.
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El racismo de Che Guevara

Pedro Corzo en el documental “Anatomia de un mito” refiere sus conversaciones con Miguel Sánchez, el “Coreano”, responsable de instruir militarmente a los revolucionarios de la fuerza expedicionaria del Granma en Mexico en 1956. El Coreano afirmó que el Che “tenía siempre problemas con los negros y los despreciaba al igual que a los indios de México”, a los que se refirió como “la indiada analfabeta de México”.

”Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han conservado la pureza racial gracias a su escasa inclinación al aseo, han visto su terreno invadido por otro tipo de esclavo, el portugués”, escribió el Che sobre Brasil.

”El negro es indolente y soñador, gastando su sueldo exiguo en frivolidades o bebida, el europeo tiene una tradición del trabajo y del ahorro, que le ha perseguido hasta esta esquina de América y le impulsa a avanzar por sí mismo, incluso independientemente de sus propias aspiraciones individuales”.

Junio 19 de 1967 anota en su diario, en referencia a los campesinos bolivianos: “a los habitantes hay que cazarlos para poder hablar con ellos pues son como animalitos.”
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EL CRIMEN DE UN PACTO

Tomado de El Nuevo Herald.com
Por Rafael Rojas

La lucha por el poder de la revolución cubana comenzó antes de que los propios revolucionarios llegaran a conquistarlo. Los últimos meses de 1957 fueron un momento decisivo de la confrontación ideológica entre el creciente autoritarismo de la Sierra, por un lado, y las corrientes democráticas que se oponían a Batista en el llano y el exilio. Dos capítulos importantes de esa confrontación serían la intensa y olvidada polémica entre René Ramos Latour (Daniel) y el Che Guevara y la desautorización del Pacto de Miami por Fidel Castro.


En una carta del 31 de agosto de 1957, Guevara proponía a Fidel que, para evitar que “lidercillos de baja calidad moral e intelectual trataran de suceder a Frank”, se enviara a Santiago a un hombre de la Sierra como Raúl, Almeida, Ramirito o él mismo. Varias semanas después, comenzó un intercambio epistolar sumamente tenso entre el propio Guevara, Fidel y Raúl Castro, de un lado, y Ramos Latour, del otro, en el que los primeros acusaban a este último de haber “abandonado” a la Sierra y de confiar en pactos con los “politiqueros” de la ortodoxia y el autenticismo.


Daniel se defendió en su correspondencia y durante una visita a la Sierra, en octubre de 1957, aduciendo siempre que la “lucha no debía circunscribirse única y exclusivamente a las montañas”. La polémica con Guevara llegó a niveles de gran intensidad retórica e hizo evidente, desde entonces, que el comunismo de Guevara y la socialdemocracia de Ramos Latour eran dos ideologías en pugna por el futuro de Cuba. No hubo otro momento en que aquel conflicto, que sólo habría tenido solución en una Cuba socialdemócrata, quedara más claramente expuesto.


En una carta del 14 de diciembre de 1957, Guevara escribía a Daniel: “Pertenezco por mi preparación ideológica a los que creen que la solución de los problemas del mundo está detrás de la llamada cortina de hierro y tomo este movimiento como uno de los tantos provocados por el afán de la burguesía de liberarse de las cadenas del imperialismo”. Más adelante, confesaba que se “avergonzaba” de haber pensado que Fidel era un líder de derecha --“lo que ustedes representan”--, ya que la reacción de Castro contra el Pacto de Miami lo había convencido de que éste estaba “por arriba de su clase”.


Daniel responde a Guevara el 18 de diciembre de 1957: “Los que tienen tu preparación ideológica piensan que la solución a nuestros males está en liberarnos del nocivo dominio yanqui por medio del no menos nocivo dominio soviético”. En aquella misma carta, Ramos Latour agregaba que la ideología del Movimiento 26 de Julio se inspiraba en el pensamiento político de José Martí, que consistía en hacer de Cuba un país democrático y próspero, pero con justicia social, y que los pactos con otras fuerzas opositoras eran necesarios y saludables.


El creciente rechazo de los jefes de la Sierra a los líderes del llano no tenía que ver, fundamentalmente, con la queja de que no llegaban recursos, que nunca dejaron de enviarse, sino con la política de entendimiento con los dos principales partidos de oposición—el Ortodoxo y el Auténtico—y de diálogo permanente con diplomáticos norteamericanos. Armando Hart, que presumía de su radicalismo, escribió en una carta del 16 de octubre a Castro: “He estado en contacto con círculos íntimos de la embajada [...] Muchas personas vinculadas a nosotros, pero que no aparecen como tales, fueron a conversaciones con el propio embajador”.


Fruto de esa política, que Fidel, Raúl y el Che llamaban “politiquería”, fue el Pacto de Miami, firmado a principios de noviembre de 1957 por Carlos Prío, Manuel Antonio de Varona, Carlos Hevia y Carlos Maristany, por los auténticos; Roberto Agramonte y Manuel Bisbé, por los ortodoxos; Lincoln Rodón y José R. Andreu, por los demócratas; Faure Chomón y Ramón Prendes, por el Directorio y la FEU; Angel Cofiño, por la CTC; y Raúl Chibás, Mario Llerena, Léster Rodríguez, Lucas Morán y Felipe Pazos—quien sería nombrado presidente provisional--, por el 26 de Julio. A pesar de que la Junta de Liberación constituida llamaba a la “unidad de la oposición cubana contra la dictadura de Batista”, en un lenguaje muy similar al del Manifiesto de la Sierra, los guerrilleros montaron en cólera.


Raúl Castro escribió: “indudablemente que estos dos señores (Pazos y Léster) ni fusilándolos pagan lo que han hecho”. El Che Guevara, en la misma carta a Ramos Latour, dirá que “en Miami se ha entregado el culo en el más detestable acto de mariconería que probablemente recuerde la historia cubana. Mi nombre histórico no puede estar unido a ese crimen”. Y Fidel Castro, en carta a Mario Llerena, concluye: “la politiquería ha hecho mucho daño en Cuba y tratará de hacerlo también fuera de Cuba. Pero ya hemos logrado que la politiquería se exilie y eso al menos es un avance”.


Así se criminalizaba el pacto y se descalificaba toda oposición que no aceptara la hegemonía de la Sierra y su caudillo.








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El Che un mito que declina



Por Eduardo Mackenzie

De Ernesto Guevara no queda más que una efigie, una foto retocada y monótona, que portan miles de adolescentes en el mundo. Por rutina, es cierto, pues la gran mayoría de ellos ignora que el hombre impartía la muerte a donde quiera que fuera. Pocos entre ellos han leído los textos del personaje, donde la violencia llamada “política” es el alfa y omega de un pensamiento que se pretende revolucionario, justiciero y puro.


El 40 aniversario de la muerte del Che, gris a más no poder, muestra que la verdad respecto de ese personaje se abre paso, por fin, en los cinco continentes. A diferencia de lo que ocurrió en otras ocasiones, esta vez sólo hubo dos celebraciones oficiales. La más obvia de todas, la de Cuba, fue un acto rutinario, sin brillo, pues Raúl Castro, quien reemplaza a su hermano Fidel en la conducción de la isla, nunca fue un idólatra de “el argentino”, como Raúl llamaba a Guevara.



En Bolivia, la celebración fue repudiada por más de la mitad de la ciudadanía. Esta, con razón, no acepta que Evo Morales haga el elogio de una invasión de mercenarios que a mató a 55 soldados bolivianos (y a algunos civiles), y que pretendía, en 1967, poner el país bajo la bota de la dictadura cubana. “El homenaje debería ser hecho a los soldados que derrotaron a ese invasor”, estimó el general Gary Prado, quien dirigió la columna militar que capturó al Che. El general Ricardo Farfán, comandante de la octava división del Ejército, encabezó un acto militar en honor de las fuerzas militares que combatieron a los guerrilleros de Guevara. Ningún ministro de Morales se hizo presente.



En Caracas, el homenaje oficial al Che se vino al suelo cuando los delegados de las Farc, invitados bajo el pretexto de los pretendidos diálogos con el presidente Hugo Chávez para la liberación de los rehenes en Colombia, no pudieron llegar a tiempo. La “revolución bolivariana” iba a mostrarlos como el ejemplo vivo de la actualidad del pensamiento del Che. Los “ejemplos vivos” irán sin duda a Caracas un día, cuando puedan, pues en estos días dependían de un salvoconducto que su enemigo, el gobierno del presidente Alvaro Uribe, no quiso darles.



El culto del “héroe” cubano-argentino había decaído bastante en los años 1990. Pero fue revivido en 1997 por La Habana tras el hallazgo (que algunos cuestionan), de los restos del guerrillero en Bolivia y la construcción de un mausoleo en su honor en Santa Clara. Diez años después, el mito del “hombre más maduro de esta época”, como lo llamara un día Jean-Paul Sartre, se destiñe y los estudios críticos comienzan a interesar al gran público.



En Francia, donde tantos intelectuales de renombre avalaron durante décadas el sistema soviético y sus satélites, y cerraron los ojos ante los crímenes inmensos del comunismo, también se instala un nuevo clima de reflexión sobre esos temas. Numerosos artículos, reportajes y libros que muestran al verdadero Guevara, vienen siendo publicados desde 2004. En octubre de ese año, Le Monde publicó un texto impecable bajo el título de “El guevarismo no es un humanismo”. El mismo año, el diario madrileño El País dejó pasar un artículo excelente: “El mito truncado del Che”, que recordaba todos los fracasos repetidos del personaje cuando se desempeñó como guerrillero, economista, diplomático y político. En noviembre de 2006, la revista francesa Historia publicó un dossier de cuatro textos. El de Remi Kaufer habla del Che como títere de Fidel, el de Jacobo Machover examina las matanzas en La Cabaña, el de Vincent Bloch la destrucción de la economía de la isla, y el de Paul-Eric Blanrue trata acerca del “comandante de las guerras perdidas”.



El nuevo ensayo de Jacobo Machover, escritor e historiador cubano exilado en Francia, publicado en francés hace unos días, es uno de los más penetrantes y agudos. “La face cachée du Che” muestra al hombre autoritario que era Guevara, temido hasta por sus colaboradores más cercanos y autor de cientos de fusilamientos ilegales y de otras atrocidades en Cuba, el Congo y Bolivia. Machover revive, en particular, los crueles episodios del cuartel de La Cabaña, donde el Che, tras el triunfo del ejército rebelde, hizo fusilar a 164 personas, entre el 3 de enero y el 26 de noviembre de 1959, actividad por la que se ganó el apodo de “el carnicerito”. Antes de la derrota de Batista, el Che había ordenado el fusilamiento de otras tantas personas, incluidos algunos de sus propios combatientes.



No todas las víctimas de Guevara eran, como la propaganda castrista afirma, “esbirros” de Batista. En La Cabaña había opositores políticos y gente inocente. El caso de Rafael García, 26 años, un agente de policía que nunca participó en hechos de sangre, es conocido. Condenado a muerte en un simulacro de juicio, fue pasado al paredón por el líder guerrillero. Sergio García logró demostrar la inocencia de su hermano a Ernesto Guevara. La respuesta de éste fue: “Su hermano es quizás inocente, pero portaba un uniforme azul. Debe entonces morir”.



Este 8 y 9 de octubre, la prensa parisina publicó artículos sobre los 40 años de la muerte de Guevara. “El Che, ángel cruel, cae de su pedestal”, titula Le Figaro, el principal matutino del país. François Hauter, autor del texto, dice: “El Robespierre cubano era un torturador iluminado y sin piedad”. La revista L’Express no se queda atrás. El reportaje de Alex Gyldén se intitula “Guevara: sangre sobre la estrella”. Gyldén entrevistó a varios testigos de esa época aciaga, entre ellos al sacerdote Javier Arzuaga, ex capellán de La Cabaña, quien publicó en 2006 sus memorias y algunos de los testimonios que recibió de los condenados a muerte. “El Che nunca trató de ocultar su crueldad”, estima el sacerdote. “Por el contrario. Entre más se le pedía compasión más él se mostraba cruel. El estaba completamente dedicado a su utopía. La revolución le exigía que hubiera muertos, él mataba; ella le pedía que mintiera, él mentía”. Arzuaga evoca un detalle que dice más que lo anterior: “En La Cabaña, cuando las familias iban a visitar a sus parientes, Guevara, en el colmo del sadismo, llegaba a exigirles que pasaran delante del paredón manchado de sangre fresca…”



El historiador Pierre Rigoulot, dedica páginas interesantes al Che en su voluminoso trabajo intitulado “Coucher de soleil sur La Havane, la Cuba de Castro, 1959-2007”. Guevara, dice Rigoulot, “rechazaba los compromisos y las contingencias de la vida cotidiana, lo que para ciertos analistas constituye una fascinación por la muerte, mientras que otros ven como una sed de santidad y de amor por lo absoluto”.



En su libro de 1965 El Socialismo y el hombre en Cuba Guevara aborda el tema del “hombre nuevo”, utopía central de los dos grandes totalitarismos, el comunismo y el nazismo, y dice trivialidades como ésta: “El hombre nuevo será completo, total, pleno”, y alcanzará “la plena realización como criatura humana”. Su aporte original, si lo hay, tiene que ver, por lo contrario, con la devastación y la muerte: el Che preconizaba la destrucción de la civilización occidental, “la cual oculta detrás de su fachada pomposa una banda de hienas y chacales”. Rigoulot concluye: “Su exaltación de la muerte, asociada a su incompetencia en materia económica y financiera cuando era ministro, ofrecen algunos datos útiles para desmontar el personaje así como la ideología que lo acompaña: lo importante para él es vivir lo trágico de la Historia (‘la hora de los braceros’), rechazar la prosaica y apagada búsqueda de una expresión democrática y del desarrollo económico.”



Guevara era, en efecto, un exaltado que no vaciló en decir ante una asamblea general de la ONU estas palabras escalofriantes: “Sí, nosotros hemos fusilado; nosotros fusilamos y seguiremos fusilando hasta cuando sea necesario”. Otro aporte de Guevara al “humanismo” de todos los tiempos, que los jóvenes pacifistas que deambulan con el rostro del Che en sus pechos probablemente ignoran, es esta fórmula de antología de su conocido Mensaje a la Tricontinental, que constituye, en verdad, su único testamento político: “el odio intransigente del enemigo”. Ese, “odio intransigente del enemigo” es el que, según Guevara, “empuja más allá de sus límites naturales al ser humano y lo convierte en una eficaz, violenta, selectiva y fría máquina de muerte”.



Impermeables a esta revolución teórica y a todo diálogo, los grupúsculos de extrema izquierda francesa, son los únicos que intentan relanzar el culto del Che. El diario comunista L’Humanité lanzó un ladrillo de varias páginas para tratar de demostrar la “originalidad” del pensamiento de Guevara. El resultado no es convincente. Por su parte, Olivier Besancenot, líder de la trotskista LCR, publicó un panfleto elogioso, que evita, claro está, los puntos más obscuros y terribles del hombre. Allí el lector encontrará, en cambio, una serie de lugares comunes y de interpretaciones abusivas sobre Guevara, como aquella que pretende que “la meta definitiva” de éste era “el cambio social con desarrollo individual”.



No es sino ver lo que la dictadura de los hermanos Castro ha hecho de Cuba para adivinar qué es lo que promete Besancenot con su “cambio social con desarrollo individual”. El jefe de la LCR no es el único en poner en remojo un cierto discurso habitual. Aleida Guevara March, la hija de Ernesto Guevara, aseguró en estos días en París: “El Che no fracasó, los pueblos se agotan, pero las revoluciones siguen siendo posibles”. ¿De qué tipo de revolución habla ella? Aleida Guevara March no es muy diserta al respecto, ni acerca del nuevo socialismo que impulsan los Castro, Chávez, Morales y Ortega. Ella habló, eso sí, de una categoría obscura: de “la nueva sociedad más fuerte”. ¿Un nuevo tipo de dictadura?




En Colombia, algunos periodistas, sin mentirse sobre el fracaso de la cosmogonía guevariana, no pudieron evitar, a pesar de todo, la trampa de la comparación entre el Che y Cristo, entre el Che y Rimbaud. Esa comparación es absurda. Ni Cristo ni Rimbaud llegaron a matar a nadie.


Eduardo Mackenzie. Periodista, última obra publicada: Les FARC où l’échec d’un communisme de combat. Colombie 1925-2005
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La nostalgia de El Che


Carlos Eire / profesor de historia y religión de la Universidad de Yale
El Diario NY



Para aquellos de nosotros que vivimos la Revolución Cubana hay dos Che: el que conocimos, y el falso ídolo venerado por millones en la tierra.


El verdadero Che era un hipócrita que vivió muy cómodamente en una mansión mientras predicaba la revolución encarcelaba, torturaba y asesinaba a miles de mis compatriotas. Algunas de sus víctimas fueron mis familiares. Este Che desestimó los derechos humanos como “detalles arcaicos de la burguesía”. También mandó a decenas de miles de cubanos a campos de concentración. Para rematar, empobreció a todos, y se estableció a sí mismo como Señor de todos.


Che, el ídolo, es un hombre totalmente diferente: un noble que luchó por la justicia, un idealista sensible, incluso un mártir, un santo. Irónicamente, el ídolo Che genera gran cantidad de dinero para los capitalistas que imprimen su imagen en todo tipo de mercadería o que hacer películas sobre su vida.


¿Cómo se convirtió el Che asesino en el Santo Che?


Dado que las mentiras son a menudo más atractivas que la verdad, nosotros los seres humanos tenemos una innata necesidad de héroes, profetas y salvadores.


Dado que los verdaderos escasean, nos apegamos con entusiasmo a los que nos inventan.


Che tiene cuatro tipos de admiradores diferentes: los comunistas, antiamericanos, los pobres y los ricos. Los antiamericanos y los comunistas lo aman porque el Che es uno de los suyos. Los pobres necesitan desesperadamente creer en algún tipo de redención de su miseria, incluso en una figura mesiánica. Pero, ¿por qué los ricos necesitan a un Santo Che? La respuesta es tan simple como terrible: a causa de la intolerancia.


Seamos francos, si los admiradores ricos del Che de veras creyeran en su causa, vivirían en Cuba, o se harían revolucionarios en su propio país. Pero no lo hacen, y eso dice mucho de ellos, y de sus actitudes racistas hacia los hispanos.


San Che le permite a los estadounidenses y los europeos blancos aplicarle a los latinos un terrible e inaceptable nivel de liderazgo que ellos mismos no aceptarían. Por medio de su idealización, estos admiradores, se engañan pensando que están en solidaridad con los pobres. Los latinoamericanos ricos que aman al Che, como Benicio del Toro, el actor que hace si papel y que lo alaba, no son racistas, por supuesto. Pero sí son “idiotas útiles”, como le gustaba decir a Lenin.


No importa como se mire, a los que idolatran al Che hay que tenerles lástima o temor.






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‘ABC’ sobre la película ‘Che, el argentino’: «Con su pan se lo coman, y allá ellos»



Tomás Cuesta, ABC, España, Madrid

Che, el asesino



”No es descabellado asegurar que, en cierto modo, ese culto sectario, interminable, beatón y siniestro, que se le rinde a Ernesto Che Guevara en el ruinoso altar de la revolución pendiente, responde a una liturgia establecida por el rock y transferida a un asesino fotogénico (…) El Che, evidentemente, cumplió el contrato fáustico sin saltarse una coma, ni un matiz, ni una adenda. Se bebió la existencia a puro trago, amorrado al gollete. Murió cuando tocaba, con la puntualidad de un «gentleman»…”.



”…Los cuentistas de su época (Sartre, por descontado; Regis Debray, Feltrinelli...) lograron transformar el plomo en oro y al matarife en héroe. ¿Se acuerdan de los versos de Nicolás Guillén llorando tinta roja desconsoladamente? (…) De cualquier forma, al Che la poesía le importaba un bledo. No la consideraba un arma cargada de futuro (…), sino un vicio burgués, una mariconada decadente, que no ayudaba en absoluto a construir el Hombre Nuevo. Los maricones a la zafra a que les den caña a espuertas. Y a los que reincidan, que les den en la celda. Dicho y hecho”.



”Mientras tanto, Fidel, con la popa a cubierto, se dedicaba a acumular poderes y a fantasear con la genética. Porque el máximo líder también tenía un sueño: crear una raza de vacas de bolsillo que se pudieran estabular en el retrete (…) Guevara, por su parte, fusilaba a destajo para curarse el mono de la Sierra Maestra. La cosa le ponía. Incluso lo dejó escrito al perfilar su autorretrato a golpes de machete: «Soy una fría y selectiva máquina de matar». Nadie puede acusarle de mentir al respecto”.



”Ahora, Steven Soderbergh, el director de «Traffic», y Benicio del Toro, su actor predilecto, han vuelto a amortajar con celuloide al asmático icono de un fracaso sangriento. Y han vuelto a desgranar ante las cámaras la fatigosa letanía en loor del guerrillero: martillo de tiranos, paladín de los débiles, guardián de la utopía, rey Arturo con boina que extrae de la roca la espada justiciera... Con su pan se lo coman y allá ellos. Lo malo sería soportar otro brote epidémico de la dichosa camiseta (llámenla «camicheta»). Con la imagen que Korda capturó por azar en el amanecer del régimen y que —finiquitado el Che, en el sesenta y ocho, casualmente— Giangiacomo Feltrinelli lanzó a los cuatro vientos”.




”Sin la foto de Korda (o sea, sin «la foto», ninguna se le acerca), Guevara sería poco más que Camilo Cienfuegos: una discreta nota a pie de página en el aperreado cronicón de Iberoamérica. Pero aquella instantánea le blindó «ad aeternum». Rindámonos, pues, a la evidencia: Ernesto Che Guevara, el asesino, es el equivalente a Mickey Mouse en la Revoluciolandia de la izquierda. No hay remedio”.

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