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Date Posted: 04:39:36 06/21/04 Mon
Author: Eladio
Subject: Ocultismo, brujería y modas culturales Por P. Alberto Ezcurra

MIRCEA ELIADE

Ocultismo, brujería y modas culturales

Marymar.

Buenos Aires 1977, 215 págs.



Por P. Alberto Ezcurra

Fuente:
http://www.iveargentina.org/Foro_SAlfonso/LIBROS/RECENSIONES/ocultismo_brujeria_modas.htm




El interés por el ocultismo en sus diversas variantes constituye hoy una moda —enfermiza y peligrosa— que ha adquirido los caracteres de una verdadera epidemia. Para quienes se preocupan por ello, el título de este libro unido al renombre del gran erudito rumano en el campo de la historia de las religiones, parecerá de innegable interés. Pero es probable que quien lo lea atraído por el “gancho” del título y autor, resulte hasta cierto punto defraudado.



En efecto, de los seis capítulos —artículos y conferencias— que integran el volumen sólo dos se refieren a la actualidad del problema. El capítulo sobre la brujería expone una hipótesis acerca de la expansión del fenómeno y de la “caza de brujas” durante la tardía Edad Media y el primer Renacimiento. Los otros presentan estudios acerca del espacio sagrado en la casa, la ciudad y el mundo, sobre las mitologías de la muerte y los símbolos del espíritu, la luz y la simiente. De gran interés para el estudioso de los símbolos sagrados o de la historia de las religiones, decepcionará a los que esperaban encontrar en la seriedad del A. una guía en medio de la confusión espiritual de los momentos presentes. No menospreciamos por cierto estas páginas, las hemos leído con agrado, pero nuestras motivaciones pastorales nos llevan con preferencia a ocuparnos de los dos temas restantes.



El primero se refiere a las “modas culturales”, entre las que selecciona y analiza tres, relativamente recientes: el éxito “inesperado e increíble” de la revista “Planete”, la popularidad de los libros de Teilhard de Chardin y la moda del estructuralismo de Claude Lévi Strauss.



“Planeta” —citémosla por el título de su edición castellana— es la revista dirigida por Louis Pauwells (ocultista, discipulo da Gurdjev) y Jacques Bergier, autores ambos de un libro que alcanzó también extraordinaria difusión: El Retorno de los Brujos”. “Es una curiosa mezcla de ciencia popular, ocultismo, astrología, ciencia ficción y técnicas espiritualistas” que pretende revelar incontables secretos vitales” (p. 26). Su difusión hoy ha decrecido, pero abrió la brecha y señaló el rumbo por el que aún transitan innumerables publicaciones.

También ha decaído la popularidad de Teilhard. Sus teorías científicas han sido rechazadas por científicos de nota (Jean Rostancl, Gaylor Simpson, M. Vernet, Louis Bounoure) y sus errores filosóficos y teológicos fueron denunciados por Roma y combatidos por figuras católicas de primera línea (von Balthasar, Journet, Philippe de la Trinité, Maritain, Gilson, Meinvielle), que llegaron a calificar de “teología-ficción” el conjunto de su pensamiento. Ello no obstante, su cosmovisión continúa influyendo, aunque indirectamente, en muchos ambientes católicos.



Esta persistencia encuentra su explicación en una aguda observación del A: “Uno de los aspectos fascinantes de la ‘moda cultural’ es que no importa si los hechos en cuestión y su interpretación son verdaderos o no. Ningún tipo o cantidad de crítica puede destruir una moda. Hay algo de ‘religioso’ en su impermeabilidad a la crítica, aun cuando sólo sea de una manera sectaria y estrecha” (p. 18).



El A. señala que estas tres modas recientes tienen algo en común: Su reacción drástica contra el existencialismo, su indiferencia hacia la historia, su exaltación de la naturaleza física” y afirma que “en los tres casos estamos frente a una especie de mitología de la materia” (p. 35). Su asombrosa difusión se debería a una especie de “optimismo cósmico” que ofrece una esperanza en medio del pesimismo y angustia contemporáneos.



El segundo tema se refiere a la explotación contemporánea de las creencias y prácticas ocultistas. El A. presenta someramente sus principales representantes (la Alta Magia, la Orden Martinista, los Rosaoruces. el Teosofismo y la Antroposofia), señala su influjo en cierta literatura francesa y alemana y en el interés de algunos eruditos, y se refiere a la desbordante expansión de la astrología, el satanismo y otras prácticas similares,



Explica luego la moda como nacida de la búsqueda de “un camino para superar el caos y la insensatez de la vida moderna” (p. 103), como “rebelión contra todos los sistemas religiosos de Occidente” (p. 102), ilusionada con la esperanza de una renovatio individual y cósmica.



Aunque todos los movimientos ocultistas pretenden remontarse a origenes antiquísimos, el ocultismo es un producto típico de la mentalidad moderna, la cual presenta los caracteres de lo que Spengler llamó “segunda religiosidad”, que se manifiesta en el margen de una civilización crepuscular y en decadencia. Su iniciador fue el clérigo apóstata Alphonse (no “Adolphe’, p. 82) Louis Constant, más conocido por el pseudónimo de Ehphas Lévi. Su doctrina es un compuesto de elementos tomados de la Cábala hebraica. del hermetismo mágico, del cristianismo falsificado y del socialismo decimonónico. “Sus libros —comenta M. E.— alcanzaron un éxito que hoy nos resulta difícil de comprender puesto que no son sino un montón de ideas confusas y pretenciosas” (p. 82).



Confusión y sincretismo de ideas disparatadas, tal es la característica de las sectas ocultistas, que hoy proliferan como hongos en el clima turbio y enfermizo de la decadencia de Occidente. Quien lea el libro de R. Guénon “El Teosofismo, historia de una seudoreligión” (Huemul, Es. As.. 1966) podrá contemplar una imagen despiadada y veraz, de la fauna humana y de los descalabros ideológicos que caracterizan a todas las corrientes similares. Pero al señalar al ocultismo occidental como un desborde de la confusión y el macaneo, no pretendemos en modo alguno negar o disminuir su peligrosidad. Por su fuerza disgregadora, por su capacidad para despertar y pervertir ilusiones, por su posibilidad de invocar y movilizar potencias cuyo control se le escapan, debemos señalarlo como gravemente nocivo para la salud psíquica y espiritual e incluso —en última instancia— como propiamente satánico.



Por ello, aun cuando no podemos compartir algunas de las ideas fun damentales de René Guénon (cf. MIKAEL 13, pp. 113 - 129) coincidimos plenamente con su actitud de repudio radical frente al ocultismo.



M. Eliade califica a Guénon como el “representante más prominente del esoterismo moderno” (p. 105) —Guénon rechazaría aquel calificatiyo “moderno” para reemplazarlo por “tradicional”— y considera su doctrina “mucho más rigurosa y convincente que la de los ocultistas y hermetistas de los siglos diecinueve y veinte” (nota 40, p. 195). Resume así su posición: “Considerándose un iniciado verdadero y hablando en nombre de la tradición esotérica verdadera, Guénon no sólo negó la autenticidad del ocultismo occidental moderno sino también la posibilidad de que cualquier individuo occidental pudiese ponerse en contacto con alguna organización esotérica auténtica (...) Nunca dejó de sostener que sólo en Oriente pervivían verdaderas tradiciones esotéricas. También dijo que todo intento de practicar cualquiera de las artes ocultas representa, para el hombre contemporáneo, un grave peligro mental e incluso físico” (pp. 105-106).



Podríamos añadir a esto una precisión terminológica: Guénon opone irreconciliablemente al esoterismo con el ocultismo. Sólo puede hablarse de esoterismo donde se transmite la Tradición primordial (metafísica y de origen no-humano) por una cadena iniciática que no admite rupturas ni “restauraciones” ideales (como las de Lévi o Papus). El ocultismo no es el esoterismo, sino su falsificación o caricatura. Tampoco puede invocar un carácter iniciático, pues se trata de una pseudoiniciación (falsificaciones no serias) o de contrainiciacion (falsificaciones satánicas).



Señalemos por último con M. E. que Guénon “rechaza definitivamente el optimismo general y la esperanza de una renovatio personal y cósmica que parece caracterizar al renacimiento ocultista” y en sus obras “proclamó la decadencia inevitable del mundo occidental y anunció su fin” (p. 106). Fase final que se identifica con lo que los hindúes denominan Kali-yuga y Hesíodo describía como “Edad de Hierro” en “Los Trabajos y los Días”. En este fin de un ciclo terminal, edad oscura donde predominan la cantidad sobre la calidad, la carne sobre el espíritu. la materia sobre la forma, encuentra su lugar apropiado el desborde ocultista que, prometiendo la restauración del primordial estado paradisíaco, conduce hacia lo que es sólo su horrenda caricatura, programada por el Gran Macaco apocalíptico.

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