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Date Posted: 18:22:46 04/22/04 Thu
Author: Orlando
Subject: DESCOLONIZAR NUESTRAS MENTES, por Jose Del Grosso

DESCOLONIZAR NUESTRAS MENTES

José Del Grosso
(Psicólogo clínico)

Para poder sanar es necesario reconocer que estamos
enfermos. Igualmente, para descolonizar nuestras
mentes, debemos reconocer que estas han sido
colonizadas a través de una serie de técnicas
psicológicas y la inoculación de un conjunto de
programas inconscientes. La tarea de sanar a nivel
mental es una tarea muy ardua, pues todos tenemos la
impresión de que actuamos libremente, que las ideas
que albergamos son nuestras y que, además, estas son
correctas. Por ende: ¿por qué habríamos de revisarlas?
“Yo jamás compartiría ideas equivocadas o que fueran
contra mí mismo”. Sin embargo, ¿cuántas veces no hemos
comprado objetos que realmente no nos son útiles?
¿Cuántas veces no dijimos sí cuando queríamos decir no
o lo contrario?
A muchos la idea de haber sido mentalmente
colonizados, a pesar de ser un hecho, una realidad,
puede parecerles un cuento de ciencia ficción y, en
particular, este artículo podría parecerles una manera
de llamar la atención. Pero lamento desanimarlos. No
es así.
En particular, nosotros latinoamericanos a pesar de
habernos ¿independizado? formalmente, informalmente
cargamos a cuestas en el presente con el pasado de la
ideología colonizante del europeo: su lengua, su
tiranía, sus complejos de superioridad, su inclinación
a la rapiña, su oportunismo, su vanidad, su codicia,
su inhumanidad, su psicopatía. Cargamos con su
filosofía,
su religión asfixiante y su estilo de vida apegado a
lo material. Todo lo cual, particularmente durante el
último siglo, ha ido formando un sincretismo con la
ideología colonizante del “estilo de vida
estadounidense” y subrayo estadounidense, porque ellos
no son América (no son nosotros ni nosotros somos
ellos), que es una manera sutil a través del lenguaje
de anexarnos inconscientemente a su dominio
imperialista.
Por suerte, aún perduran en nosotros algunos rasgos
positivos de nuestra herencia indígena como son la
solidaridad con el otro y el impulso guerrero de
nuestra voluntad de querer ser libres e
independientes.
Pero nuestra voluntad inquebrantable de guerreros que
desean ser libres e independientes no nos sirve de
mucho si nos “hacemos los locos” y no somos
conscientes de que cada día que pasa somos mentalmente
manipulados con mayor intensidad y efectividad por el
“big brother”, el “tío sam” o con más propiedad por el
imperio.
“Eso no me pasa a mí”. “A mí eso nunca me va a
ocurrir”. “Yo no me dejo manipular por nadie”. “Es
imposible que me manipulen, yo no sólo soy
inteligente, sino que además soy un intelectual... ”
La posibilidad de que alguien sea manipulado no pasa
exclusivamente por un acto de voluntad, ser
inteligente o haber leído muchos textos. Incluso no
hace falta ni el chantaje ni la fuerza bruta para
manipular a alguien. Sin ser expertos, todos hemos
manipulado a alguien alguna vez y, a su vez, también
hemos sido manipulados, de modo que sabemos que la
manipulación pasa por: “ni se
dio cuenta de que lo engañé” o “ni supe cómo me
engañaron”.
Allí está la clave de toda manipulación, de toda
posibilidad de introducir ideas colonizantes en
nosotros: “Que no nos damos cuenta, que no tenemos
consciencia de que estamos siendo manipulados”; pues
de otro modo no caeríamos en la trampa de los
colonizadores.
Si abrimos nuestra conciencia a nuestro entorno y
observamos y escuchamos lo que los demás dicen y
hacen, podremos apreciar que la manipulación comienza
por la familia y se extiende a la educación formal, la
formación religiosa, la vida en el trabajo, el
comercio, los medios de información, la vida política
y la vida íntima de pareja.
Si ello es así, ¿no es de esperar que desconocidos con
intereses desmedidos de poder y control también nos
quieran controlar y manipular? ¿No es posible que esos
individuos sin escrúpulos y con cantidades
inimaginables de dinero utilicen conocimientos
científicos sobre la conducta humana para
manipularnos?
Por favor, píenselo. Al menos considere la posibilidad
de que ha podido ser víctima de la manipulación. Si no
reconoce la enfermedad, jamás podrá sanar.

Lavado de cerebro

La manipulación de la opinión pública no es algo
nuevo. Seguramente, esta comenzó desde el mismo
momento en que aparecieron los primeros grupos de
cazadores y prosiguió con el surgimiento y formación
de las primeras sociedades y religiones. Sin embargo,
ha sido durante el último siglo que las técnicas y
estrategias de manipulación mental han alcanzado
asombrosos grados de sofisticación y efectividad,
tanto es así, que hoy en día es posible manipular la
opinión pública a distancia.

Muchos son los factores que han hecho posible la
manipulación a distancia. Entre ellos podemos
mencionar:
- la concentración de grandes capitales y poder;
- el sistema jurídico nacional e internacional a
disposición de un reducido grupo de poder económico
que controla el proceso de colonización global;
- organizaciones como Human Rights Wacth, que sirven
como intermediarios de los deseos y necesidades de los
mencionados grupos de poder;
- el desarrollo de las tecnologías de comunicación;
- la anuencia de una parte significativa de la
comunidad científica; y
- las investigaciones científicas sobre la conducta
humana y el funcionamiento del cerebro humano.
Todo ello en combinación con nuestra ignorancia sobre
temas álgidos como la globalización, el
neoliberalismo, el efecto invernadero...; la
desinformación; el haber cedido nuestras voluntades y
capacidades a supuestas
autoridades: “expertos” o “conocedores” religiosos,
científicos, políticos, militares y economistas para
que manejen nuestra vida pública; y el haber aceptado
la implantación en nuestro lenguaje cotidiano de
eufemismos: “asesinatos legales”, “daños colaterales”,
“ayuda humanitaria (después de haber bombardeado a ase
mismo pueblo)”, “bombas inteligentes”
La connotación negativa de la palabra manipulación ha
sido mimetizada a lo largo de la historia mediante
expresiones tales como sugerencia, consejo, propuesta,
conversión... y, más recientemente, con términos como
propaganda, guerra psicológica, operaciones
psicológicas..., o de manera más suave y elegante como
publicidad, relaciones públicas e ingeniería social.
Pero en sí todas ellas son técnicas de lo que
conocemos como lavado de cerebro. Si tomamos
literalmente el concepto de lavado de cerebro, podemos
creer que se trata de una limpieza de este, es decir,
de la eliminación de “ideas” equivocadas. Pero no es
así.
A través del lavado de cerebro, lo típico es hacernos
creer que nuestra percepción y concepción de la
realidad, aunque se ajusten en buen grado a los
hechos, son erradas. Lo que se pretende en realidad es
“bloquear” nuestra sana capacidad de percibir y
razonar.
Aunque nos venden sutilmente la idea de que están
eliminando en nosotros un conjunto de ideas erróneas y
nos muestran la luz, en realidad lo que tratan de
hacer los manipuladores es que “nuestro cerebro
funcione con programas que alteren nuestra capacidad
de análisis o la anulen y/o generen confusión en
nuestra mente, de manera que nuestro sistema lógico de
pensamiento deje de funcionar adecuadamente y permita
la entrada de programas e información falsa que actúen
sobre nuestro inconsciente y que, a su vez, nos
impulsen a reaccionar
en beneficio de nuestros agresores”.
El esquema aproximado de acción de la toda
manipulación es el siguiente:

- Hay una realidad concreta.
- Sobre esa realidad siempre se crea y se presentan
dos connotaciones antagónicas: vg.
Capitalismo-Comunismo; Gobierno-Oposición;
Demócratas-Republicanos...
- El victimario utiliza alguna estrategia para atraer
y atrapar nuestra atención. Usualmente, aparece como
alguien interesante, con autoridad..., que conoce un
secreto: ¿No se ha dado cuenta de...?
- El victimario, como quien no quiere la cosa, lleva
la conversación al “terreno emocional”. Desde allí
crea confusión, miedo y cierto nivel de angustia en la

víctima, haciéndola dudar de sus propias percepciones,
recuerdos y capacidad de razonamiento.
- El victimario usando hábilmente las ideas y el
lenguaje de la víctima, le plantea a esta que su
connotación de la realidad, no sólo es errónea, sino
peligrosa.
- El victimario re-crea la realidad de una manera que
a la víctima le parece “lógica” y “aceptable”, momento
que usa para introducir toda clase de programas e
ideas que le convengan.
- El victimario induce a la víctima a creer que hay
una solución única para “poner remedio” al estado de
cosas existente.

Cuando los victimarios han logrado su propósito, no
hay manera de que las víctimas del lavado de cerebro
entren en razón. No hay explicación lógica posible,
argumentos o pruebas contundentes que valgan para
hacerles ver la realidad de los hechos, pues, en su
angustia y agitación mental, las víctimas no logran
hacer funcionar “correctamente” su capacidad de
razonamiento.
Imagine toda esta manipulación mental usada por
privados a nivel social. ¿No resultaría en confusión,
ineptitud y esfuerzos aplicados en direcciones
desatinadas?
Lo anterior explica, por ejemplo, cómo tantas personas
de la oposición venezolana víctimas del lavado de
cerebro, a pesar de las evidencias, continúen
afirmando hoy día que no hubo golpe de estado en
Venezuela el 11 de abril del 2002 o vayan a misa y
junto con el cura rueguen a Dios que se muera Chávez.
Lo más increíble es que las víctimas del lavado de
cerebro están convencidas de que sus victimarios “les
abrieron los ojos”, “les ayudaron a conocer y ver la
realidad”; y los perciben y defienden como sus
salvadores.
Al haber perdido la confianza en sus propias
percepciones y en su propia capacidad de razonamiento
lógico, la víctima de lavado de cerebro, confusa y
angustiada, se vuelve indecisa y siente la necesidad
imperiosa de confiar en alguien para “saber” qué
decisiones debe tomar. Es este el momento en que la
víctima entrega su poder y confianza a los lavadores
de cerebro y/o a aquellas “autoridades” que les son
“sugeridas”. Este es el momento en que los lavadores
de cerebro pasan a ser los ojos, oídos y voz de sus
víctimas, tal cual como lo decían literalmente los
mass media venezolanos durante el Paro de Diciembre y
Enero pasados.
En general, las víctimas del lavado de cerebro, al
haber perdido la confianza en sí mismos, encuentran
“cómodo” depositar su confianza en los mass media,
algún sector político y religioso, educadores,
consultores financieros...
Así, el lavado de cerebro a través de lo que se llama
Public Relations o Creadores de Imágenes es tan
efectivo que, por ejemplo, los grandes inversionistas
estadounidenses depositan su confianza en un diario
como el Wall Street Journal. Literalmente, no hacen
ningún movimiento financiero sin antes haberlo
consultado. En el plano político, el lavado de cerebro
conducido a
través de los Creadores de Imágenes es tan efectivo,
que los votantes ¿olvidan? los antecedentes dudosos de
los candidatos y votan por ellos como si se trataran
de personas virtuosas.
En frío, sin el trabajo de Public Relations durante
las campañas políticas, ¿cree sinceramente que la
gente hubiera votado por un Mala Hierba (Bush traduce
Mala Hierba) un Aznar, un Blair, un Uribe o un Carlos
Andrés
Pérez?
¿Cree que un reducido grupo de gente en Venezuela sin
este trabajo de lavado de cerebro, conducido a través
de la creación de imágenes, le estaría prestaría
atención o toleraría a una Marta Colomina o a un
Napoleón Bravo o
creería a los actuales cabecillas “políticos” y
“militares” largamente conocidos como corruptos,
denunciados antes incluso por los mismos mass media?
Un aspecto interesante sobre lo anterior es que muchas
de las víctimas del lavado de cerebro desprecian tanto
a sus victimarios como a aquellos que estos presentan
con una Imagen Lavada. Las víctimas “saben” que ni sus
lavadores de cerebro ni los vagabundos a quienes les
ha sido lavada la imagen son confiables.
Sin embargo, las víctimas, confusas, siguen sus
directivas porque quedan
mentalmente atrapadas en la falacia de que sólo hay
dos alternativas posibles, entregando así
“voluntariamente” su poder y capacidad de razonar. Es
por ello, que en la actualidad muchas personas nos dan
la apariencia de incompetencia mental y hay un
sentimiento social de futilidad.

Otros objetivos del lavado de cerebro

Además de poner en duda y alterar tanto nuestra
capacidad de captar realidad como mantener perturbado
nuestro mundo emocional, podemos señalar los
siguientes objetivos:

- Poner en duda nuestra memoria.
- Poner en duda el auténtico significado de las
palabras.
- Desinformarnos.
- Mantener una visión distorsionada de la realidad,
generalmente de tipo pesimista a la que se contrapone
una utopía que podría ser alcanzada “sí y
sólo sí... ”; de manera que permanezcamos en un ligero
estado de depresión, desaliento, desánimo,
infelicidad, descontento, miedo..., mientras soñamos
con un mundo mejor.
- Crear necesidades artificiales y convertirlas en
necesidades básicas.
- Mantenernos divididos y distantes los unos de los
otros. “Siempre hay un enemigo y ese alguien es
siempre aquella persona que tiene una visión distinta
de las cosas”.
- Hacernos creer que somos incapaces, impotentes,
desvalidos... y que debido a ello, debemos ponernos en
manos de los “fuertes”, los “inteligentes”, los
“preparados”.
- Favorecer una cultura basada en prohibiciones.
- Favorecer una cultura que excluya la conciencia de
sí mismo y el asumir la responsabilidad de nuestras
acciones.
- Favorecer una cultura de la culpa.

Algunos factores que han favorecido la manipulación de
la humanidad o la auto-preservación del sistema de
poder en manos de pocos

Todo sistema social tiende básicamente a mantener su
estabilidad y a auto-preservarse a través de su
sistema de creencias y las emociones vinculadas a
ellos. No existe idea que nos sea emocionalmente
neutra o indiferente. De alguna manera, siempre nos
mostramos a favor o en contra de ellas. Las creencias,
además, no se refieren simplemente a información o
contenidos. Siempre llevan consigo reglas de conducta
vinculadas a la manera de percibir la realidad,
pensarla, decidir, sentir, hablar y actuar.
Un sistema de creencias basado en actitudes positivas
hacia la solidaridad, la fraternidad, la
cooperatividad, el amor, la alegría, el conocimiento,
la sabiduría, la satisfacción, la honradez, la
justicia, la autoestima, la paz, la democracia...;
destruiría per se toda posibilidad de un sistema
social del tipo en que unos pocos controlan a la
mayoría.
Para los dominadores de un sistema tal es necesario
quebrar y mantener quebrado todo atisbo de
autoafirmación individual y colectiva, despojar a cada

individuo de su poder personal y colectivo, robarle a
la mayoría su capacidad de discernimiento.
A continuación mencionaré algunas de las estrategias
que los colonizadores mentales han aplicado a la
humanidad a lo largo de su historia y que han servido
como sustrato efectivo a las actuales técnicas de
lavado de cerebro del imperio.

1-Ignorancia y flojera mental

Yo diría que la ignorancia y la flojera mental de
pensar por nosotros mismos han jugado un papel
esencial en la manipulación de nuestras conductas a lo
largo de la historia de la humanidad. La ignorancia a
la que me refiero no tiene nada que ver con lo que la
gente comúnmente llama falta de conocimientos,
estudios, cultura. Se refiere más bien a: “El
desconocimiento de cómo son manipuladas nuestras
mentes”, “El desconocimiento de la historia que nos
condena a repetir el pasado”, “El desconocimiento
de...; las leyes...; los manejos internos de los
partidos...; el tejemaneje de la economía...”
Además, si a las mayorías se las condena al
analfabetismo, como forma extrema de ignorancia, eso
quiere decir que ellas quedan a merced de las
costumbres, las tradiciones, los rumores, los chismes,
las murmuraciones, las supersticiones, las
creencias... y, por ende, son fácilmente manipulables.
Razón por la que con frecuencia es suficiente apelar a
sus temores o a sus deseos para movilizarlas a favor o
en contra de...
Cualquiera que sea el nivel de ignorancia, si no hay
análisis, si no hay crítica, si no ponemos a prueba lo
que nos dicen y no investigamos, eso también quiere
decir que todos quedamos en manos de las re-acciones
emocionales que despiertan en nosotros los mensajes de
los lavadores de cerebros.
Ilustremos lo anterior con un ejemplo. El espíritu de
la Constitución de la República Bolivariana de
Venezuela destaca la “Democracia Participativa”,
¿verdad? Si es así y si la mayoría de los venezolanos
dijimos SÍ a ella mediante nuestro voto, entonces,
¿por qué siguen existiendo los partidos “políticos”?
Sin nuestro consentimiento y participación, ¿no siguen
los partidos políticos decidiendo internamente por
nosotros? ¿No es antidemocrático que la mayoría de
nosotros nos veamos obligados a votar por los
candidatos que escogen internamente todos y cada uno
de los partidos políticos?
¿No repetimos el pasado al vernos obligados a votar en
contra de..., es decir, estoy en desacuerdo con el
candidato del lado que estoy, pero como no quiero que
ganen los del otro lado, tendré que votar por el que
sé que es un sinvergüenza? ¿Quién ha autorizado a la
gente de esos partidos a ser nuestra voz y a tomar
decisiones por nosotros? Si piensa con detenimiento,
la respuesta a la última pregunta es: Nosotros mismos
al “tener flojera de pensar”, “al tener flojera de
participar en la vida democrática por la que
supuestamente dimos nuestro voto de aprobación”.

2-Negatividad

Por donde quiera que miremos en la historia, la
atmósfera psicológica social de la mayoría de las
sociedades occidentales está impregnada de una
negatividad, pesimismo e impotencia descomunales.
Pensemos un poco al respecto. ¿Es ese clima
psicológico el resultado de una conclusión a la que
llegó la humanidad de manera realista o se trata de
algo inducido?
¿Quién es más fácil de manipular: una persona
optimista o una persona llena de rabia, descontenta y
pesimista? ¿Qué ocurre con estas últimas personas? ¿Le
queda alguna energía para ser creativa, para
participar activamente en la solución de los problemas
sociales que más le afectan? ¿No es esa una estrategia
para mantener nuestra mente distraída con
preocupaciones “creadas”?
Diga usted, ¿No ha sido levantada nuestra cultura
sobre la base de una atmósfera psicológica de
“seriedad”, de “gravedad”, de “tristeza” de
“severidad”, de “formalismo”, de “juicios”, de
“obligaciones”, de “impotencia” de “una
desvalorización de lo humano”, de “poca autoestima”,
de “sentimientos de culpa”?
Vamos a llevar lo anterior al plano individual
personal. Piense en lo que sucede en usted mismo. ¿Qué
ocurre cuando usted está ante el mundo en una posición
del tipo: “Yo estoy mal, el mundo está bien” o “Yo
estoy mal, el mundo está mal”? ¿No termina muchas
veces entregándose a las circunstancias o entregando
su voluntad a otros? ¿No es usted más dependiente en
esos momentos y desea que lo “ayuden”? ¿Puede
concentrarse en lo que hace y captar todo cuanto
ocurre en el aquí y el ahora o su mente salta de una
cosa a otra sin que la pueda detener? En esos momentos
¿es usted dueño de sí mismo? En todo caso ¿No se
vuelve incapaz e impotente?
Observe, por ejemplo, qué responde al saludo de los
demás: “Estoy ahí”, “llevándola”, más o menos”,
“regular”, “haciendo lo que se puede”,
“sobreviviendo”, “en la lucha”... ¿No son estas
expresiones que reflejan su propio desaliento? Al
comenzar su día, ¿cuáles son las primeras ideas que
llegan a su mente: “Otro día más”, “Otra vez a
trabajar”, “Qué dura es la vida”...?
¿Qué ocurre entonces con el guerrero que hay en usted?
¿No empieza a buscar culpables de su desaliento? ¿No
continúa su día maltrecho, malhumorado tratando de
buscar placer y evitar el fastidio y el dolor? ¿Quién
es el amo ahora? ¿Usted o las ideas que pululan su
mente?
Si nos vamos al plano de las religiones, la mayoría de
ellas ha asociado la alegría y la risa con lo
pecaminoso y diabólico. Si nos vamos a la Biblia y
leemos el Antiguo testamento, podemos apreciar que
incluso la alegría es asociada con expresiones de
agresión: v.g. el pueblo de Israel se llena de
regocijo cuando Dios ha aplastado a sus enemigos. ¿No
es esa una manera de
inocular y disfrazar la envidia, el odio... ?
No es casualidad que los judíos consciente y
deliberadamente hayan crucificado a Cristo por su
mensaje de Amor, pues este iba en contra de las
posibilidades de manipulación y control de la Opinión
Pública.
No es extraño que la Iglesia Católica en particular y
el cristianismo en general hayan entre ambos
convertido la humildad en sumisión y siguieran los
pasos de los judíos, reforzados estos con algunas
ideas filosóficas de los griegos clásicos según las
cuales las emociones vinculadas al cuerpo siempre
tienen una connotación negativa.
Tampoco es extraño ni tiene nada de inocente que la
Iglesia Católica haya desplegado toda una campaña
propagandística imponiendo que lo correcto es que
nosotros, la mayoría, seamos buenos como los santos,
mientras que quienes nos están controlando y
dirigiendo, los pastores, muestran estar más del lado
del diablo que de Dios y de Cristo.
Pero, ¿qué ha significado ser bueno y santo? Ser
santo, según el cristianismo y la Iglesia Católica es
ser alguna clase de estúpido que acepta todo ¿con
resignación? y vivir con una cara grave, cabizbajo,
mirando al piso, triste, lleno de pesar y dolor.
El amor de los ángeles, santos y del mismo Cristo nos
lo vendieron como sumisión, obediencia, docilidad,
respeto, reverencia, miedo, esclavitud, servidumbre...

¿Qué es lo que usted ve al entrar a una Iglesia?
Imágenes de dolor y sufrimiento, ¿verdad? ¿Ha visto
alguna vez una imagen de Cristo lleno de alegría y
seguro de sí mismo? Jamás, ¿verdad? Siempre vemos a un
pobre hombre, al hijo de Dios (y todos somos hijos de
Dios) crucificado, derrotado... ¿Cuál es entonces el
verdadero mensaje del cristianismo? ¿No es ese el
Cristo que debemos imitar para salvarnos? ¿No se
contradice lo anterior con el mensaje de Amor de
Cristo, es decir, de alegría, de estar contentos, de
tener nuestra mente libre sin miedos, de convivir sin
excluir a nadie? ¿Por qué cree que hay tanta oposición
en un sector de la Iglesia Católica a que
interpretemos los Evangelios y en todas las misas son
los curas los que nos lavan el cerebro con sus
interpretaciones sesgadas?

2-3¿Ideas filosóficas o ideas malvadas?

-Existen el bien y el mal.
-El ser humano es malvado por naturaleza.
-Entre los seres humanos existen seres superiores e
inferiores, por lo tanto, hay seres que nacieron para
mandar y seres que nacieron para ser mandados.
-Entre los seres humanos inferiores están las mujeres.

-Todo aquel que tiene ideas propias y diferentes a las
del status quo es un loco o es un poseído por el
diablo. Estos individuos ponen en peligro el orden
social.
-Es peligroso poner el poder y los conocimientos en
manos de los seres humanos inferiores, es decir, de
las mayorías marginadas. ¿Quién sabe qué locuras
podría
ocurrírseles?

La auto-percepción y la percepción de los demás sobre
nosotros influyen notablemente en nuestra autoestima
y, por ende, en nuestro poder individual, en nuestra
capacidad de actuar.
Sobre la base de la existencia ¿incuestionable? o
¿falta de reflexión de nuestra parte? del bien y del
mal, siempre explicados sobre las dilucidaciones y
puntos de vista que nos han brindado quienes detentan
el poder y sus acólitos ideólogos, se nos ha inoculado
desde nuestra mente consciente hasta nuestro
inconsciente y nuestros genes, que el ser humano tiene
un lado maléfico, destructivo, que lo hace poco
confiable y por ello son necesarias las leyes. Es esa,
parte de la auto-imagen y la imagen que tenemos de los
demás.
¿No es haber sembrado esa imagen en nuestras mentes
una buena estrategia de poder, control y manipulación?
¿No introduce de inmediato esta idea la desconfianza
entre nosotros mismos, a temer del prójimo porque me
podría hacer daño? ¿No nos divide en buenos y malos y,
por ende, en amigos y enemigos? ¿Se ha preguntado
alguna vez cuán amigos son los calificados de amigos y
cuán enemigos los calificados de enemigos?
Las leyes ¿divinas? y ¿laicas? instaladas sobre esta
premisa ¿no legalizan directa e indirectamente el
castigo a quien es diferente del rebaño? ¿Estas ideas
no nos llevan individualmente a sentir desconfianza
hasta de nosotros mismos? ¿Qué imagen de nosotros
mismos y de los demás podemos desarrollar a partir de
la idea de que el hombre es malo por naturaleza?
Deténgase, por favor, a pensar un momento sobre lo
anterior. ¿No es la estrategia del bien y del mal, de
amigos y enemigos y la institución de leyes
internacionales basadas sobre dichos conceptos
precisamente una de las estrategias que utiliza USA
para tener una excusa legal de atacar a aquellos
países que tratan de ser autónomos? ¿En qué se basan
las ideas de terrorismo del imperio?
Imaginemos que por un momento nos metemos en la mente
de nuestros colonizadores mentales y deduzcamos ¿qué
pensarían de nosotros, la mayoría? y ¿cómo utilizarían
esa simple idea de la existencia del bien y el mal?

Los seres humanos son malos por naturaleza, poseen
malos instintos, por lo tanto, son muy pocos aquellos
que están dotados de buenos sentimientos. Debido a
ello no podemos esperar que podamos gobernarlos a
través de la razón. Sí, no cabe otra posibilidad de
gobernar a la humanidad que no sea la de la violencia,
el castigo, el terror...
Pero esto no es lo peor. Lo peor es que todo hombre
aspira al poder. Siendo así y siendo maligna su
naturaleza, todos están prontos a convertirse en
dictadores, a pasar por encima de todos y sacrificar
el bien común a cambio de sus intereses egoístas.
¡Qué tal si a toda esa gentuza se le instruye, se le
da verdadera educación, aprende a pensar y dispone de
conocimientos! ¿No acabarían pronto con todo? ¿No
terminarían por tener ideas propias?
Siempre hay gente como Bolívar que piensan en la
libertad. ¡Que locura, todo hubiera terminado en
libertinaje, en caos! Sólo nosotros sabemos cómo
mantener el orden. Menos mal que siempre hay gente que
piensa como nosotros o ingenuos entre esa multitud de
imbéciles que se hacen eco de nuestras ideas y dan al
traste con las dichosas ideas de libertad. Pero hasta
esa idea la hemos sabido convertir en una estrategia
de manipulación para mantener a raya a esas masas.
¡Hum, cómo me río de estos miserables de hoy! Son como
niños a los que se les engaña con facilidad. Creen en
la libertad. Sí, les hemos hecho creer que gozan de
libertad política y los hacemos creer en referéndums y
partidos políticos. Ellos no saben que decidan lo que
decidan, somos nosotros quienes estamos detrás de sus
candidatos. Somos nosotros los del dinero y son esos
ambiciosos manejables como títeres a través del
dinero.
Hemos sobrevivido a través de la historia gracias al
sometimiento de las masas, de esas bestias indignas de
ser llamadas seres humanos. Menos mal que las hemos
podido dirigir a ratos a través de la fuerza bruta y a
ratos mediante las leyes, que no es sino una forma de
mimetizar o enmascarar a aquella. ¿No es una maravilla
que se nos hayan ocurrido las leyes? Sí, poder
torturar, encerrar, matar o cualquier otra cosa a todo
aquel que opine, piense, critique o promueva ideas
diferentes a las nuestras. A nosotros, los que sí
sabemos y damos la vida por la verdad y la democracia.

¿El ser humano es malvado por naturaleza o se defiende
de la demencia de los poderosos?

Yo no veo ninguna superioridad en los que se hacen
llamar superiores. Por el contrario, veo en ellos un
profundo complejo de inferioridad que, entre otras
cosas, se manifiesta en su cobardía, en su paranoia,
en su violencia como única solución para ¿resolver?
los conflictos sociales nacionales e internacionales.
Veo debilidad y cobardía en un Bush, en un Aznar, en
un Blair, en un Álvaro Uribe, en un Pinochet, en un
Gustavo Cisneros, en un Carmona Estanca, un Carlos
Andrés Pérez..., que se esconden detrás de una
hipócrita imagen de santos que supuestamente defienden
la democracia, que se esconden detrás de armas y
soldados físicamente más fuertes que ellos. ¿Fueron
escogidos por Dios o por el destino estos seres tan
frágiles que deben esconderse tras la fuerza bruta?
Usted, Señor. Usted, señora, ha pensado alguna vez
¿Por qué se ha mantenido sometida a la mujer a lo
largo de la historia? ¿Por qué las telenovelas de
nuestro continente suelen mostrar a las mujeres como
“cenicientas” o como “brujas malvadas”? ¿Por qué la
televisión y las propagandas muestran a nuestras
mujeres latinoamericanas como unos seres con la cabeza
llena de cucarachas, cuyo máximo valor es que sirven a
los hombres para acostarse con ellas?
Le voy a dar una pista. Arme usted el resto. Conocemos
el mundo y aprendemos la lengua desde el pecho y los
brazos de nuestra madre.

2-4 El dinero

En Occidente el oro, las piedras preciosas, tesoros,
posesiones..., han sido, erradamente, asociadas
durante siglos con el valor y la potencia de los seres
humanos; y digo erradamente, ya que se trata de clases
de cosas cuyas naturalezas son distintas. Una cosa son
los objetos y otra son los seres humanos. Sin embargo,
haciendo caso omiso a ello, a lo largo de la historia
se ha venido desarrollando la convicción de que,
supuestamente, “mientras más se posee más vale una
persona, más fuerte, más poderosa, inteligente,
sabia... es”. Y lo anterior, a su vez, ha sido
equívocamente asociado con ocupar un lugar en la
sociedad, con derechos, grados de libertad y
privilegios. Igualmente, la gente ha tendido a
desarrollar una autoestima y una imagen artificial en
función de lo anterior.
Así, la mayoría de los que más tienen tienden a jugar
a ser dioses y ya desde la soberbia que ello implica,
se convierten así mismos en “pobres seres”, que no se
paran sobre sus propios pies y desde sus capacidades y
potencialidades, sino que lo hacen desde las “muletas”
del tener. Al otro extremo del continumm tener están
quienes carecen y han desarrollado una pobre imagen de
sí mismos: “pobrecitos nosotros”, “somos pobres
víctimas”, “nosotros los desamparados”...; lo que
equivale a no tener fe en sí mismos y en sus
capacidades. Lo que equivale a que suelan entregar su
poder a alguna autoridad, a algún salvador, a depender
de las limosnas y voluntad de los ricos.
Todas las imágenes de sí mismos y la autoestima
desarrolladas sobre las asociaciones anteriores son
falsas y cuestionables. Todos somos igualmente
vulnerables y estamos expuestos a las mismas
eventualidades.
Tener dinero no significa haber alcanzado un nivel en
el cual se está exento de inseguridad psicológica,
sentirse vacío, depresiones, delirios de grandeza,
paranoia, obsesiones, amargura, envidia, codicia,
insatisfacción. Estar exentos de problemas y
perversiones sexuales, de abandono, de infidelidad
conyugal, de inmoralidad..., menos aún de contraer
enfermedades, ser alcohólico, fármaco dependiente...;
Llegar a convertirse en un psicópata, en un corrupto.
Tampoco tiene nada que ver con conocimientos,
sabiduría, fuerza...;
Desde un principio, quienes desarrollaron estas ideas
crearon su propia trampa y entramparon a los demás,
pues, en el desequilibrio sembraron la semilla de la
desconfianza y hermana de ella es la paranoia, que es
lo que podemos observar en sujetos como el emperador
Mala Hierba, Rebuznar, Uribe, Gustavo Cisneros, Marcel
Graniel, Lusinchi y acólitos de estos en los mass
media como una Marta Colomina, que no hace sino
rebuznar y pedir a gritos que los gringos vengan a
invadirnos para sentirse segura. ¡Pobre ilusa!
Por otro lado, ¿quién dijo que la pobreza obligada es
una virtud? Empezando por los mismos “santos”, no creo
que los monjes seguidores de San Francisco estuvieran
muy contentos durmiendo sobre paja, arreglada sobre un
piso de piedra. No creo que en invierno sus mentes
estuvieran serenas pensando en Dios.
Igualmente, no creo que los ricos tengan por su
condición de ricos, una mente serena y no los persiga
el temor de perder sus fortunas, porque entre las
reglas del juego establecido por ellos mismos está la
de arruinar al otro y apoderarse de sus pertenencias.
¿No es cierto que a lo largo de la historia el que
“tuvo”, envidió al prójimo y lo asesinó y despojó de
sus pertenencias? ¿Es falso que entre quienes tienen
hoy existen fuertes rivalidades, engaños, traiciones y
guerras económicas entre corporaciones, las cuales se
devoran unas a otras?
El tener y el ser son dos cosas de naturaleza
totalmente distintas y debemos separarlas si queremos
liberarnos de la esclavitud de las apariencias, si
queremos descolonizar nuestras mentes.
Por un lado, todos valemos y somos/siendo. Nos hacemos
a nosotros mismos. No venimos hechos, sino que
somos/siendo según la medida exacta de lo que
sembramos en nuestras mentes, de lo que creemos que
somos. Por el otro lado, el tener, para que sea justo
debe ser el resultado del esfuerzo individual: “tengo
lo que merezco, porque eso ha sido lo que he
sembrado”.
Tristemente en lugar de creer en nosotros mismos y en
nuestra capacidad para ser felices sobre la base de
sentirnos satisfechos y contentos, sobre la serenidad
de nuestra mente, hemos confundido la felicidad y la
supervivencia con el dinero, lo cual a su vez, es una
manera de ponernos precio, de vendernos, de dejarnos
llevar por los temores vinculados a la falta de
dinero.
Habiendo perdido hace mucho tiempo el hábito de pensar
por nosotros mismos, hemos llegado a convertir
(mentalmente) en algo natural todas las creencias y
emociones derivadas de ellas, de las cuales he venido
hablando a lo largo del artículo; y así, a pesar de
nuestra capacidad de discernimiento no vemos otro
modelo social que no sea el canibalismo económico, no
vemos otro modelo de comportamiento ciudadano que no
sea imitar a los “poderosos”, a los “tiranos”.
Nuestra tragedia es nuestro pesimismo de que no existe
otra forma de existir que no sea la de imitar a los
ricos, es decir, que la de ser tiranos. De manera, que
cada uno de nosotros lleva en sí el “virus de la
tiranía” e, inconscientemente, pisamos a los demás en
la creencia de que, aparte del dinero, la tiranía es
una posibilidad de ser, de poder existir y sobrevivir.

Siendo así, no es extraño que toda la gente con menos
recursos que los ricos, sea presa de sus ansias de ser
y ande en busca de un carguito, un puesto, que se
corrompa a sí misma, que se venda, que envidie a aquel
que sea inteligente y le ponga todas las zancadillas
posibles para que así no quede en evidencia su
oscuridad. No puede dársele a alguien el puesto de
portero y que no
crea tener tanta autoridad como sus jefes. Tampoco es
extraño que los de “abajo” busquen ser policías o
soldados y se presten a oprimir a sus iguales, pues
creen que tener armas de fuego y un uniforme les
proporciona poder y los convierte en alguien.
Toda estrategia que vincula el dinero al poder, al
ser, a la felicidad, a la autoestima..., es una bomba
de tiempo social, la cual mantiene aterrorizados y en
tensión a todos los miembros de la sociedad: ricos,
clase media y pobres o como usted quiera dividir
artificialmente la sociedad.
Aunque la paupérrima imagen de sí mismos mantiene
¿tranquilos? a los marginados durante temporadas,
estos no pueden más que sentir odio, envidia y
resentimiento hacia los ricos. Odio, envidia y
resentimiento que descargan en violencia entre sí
mismos y hacia quienes tienen más que ellos: robos,
asesinatos... Sin embargo, ello le sirve a los ricos
para desviar la atención de
crímenes, como matar de hambre a la mayoría, a pesar
de que la producción de alimentos, no sólo es
suficiente para alimentar a la población mundial, sino
que, además, alcanza para dar de comer a un 10% más.
A través de la miseria, el odio y la envidia que esta
produce en los menos favorecidos, es fácil
manipularlos, es fácil usar por migajas de “dinero” y
“poder” a algunos de sus miembros para que repriman y
aplasten a sus iguales.
La idea de que sólo el que posee es, le sirve a los
ricos para justificar la marginación de la mayoría,
nuestra represión mediante la violencia y nuestra
exclusión en la participación de la vida del estado.
Por favor, someta a prueba los programas, los virus,
que señalé antes. Parte de nuestra ignorancia es haber
aceptado sin pensar todo un sistema de creencias que
va en contra de nosotros mismos, que nos lleva a
fingir lo que no somos, a actuar como si y a que todos
permanezcamos en pie de guerra los unos contra los
otros. ¿Vamos a seguir aceptando esta situación?

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