| Subject: Demonología III |
Author:
Sergio,Barcelona
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Date Posted: 18:28:05 06/01/09 Mon
In reply to:
Sergio,Barcelona
's message, "Experiéncia tras la ouija" on 18:02:07 10/22/08 Wed
Hola a todos/as.
Puntos de vista según los exorcistas y los demonólogos.[37] Ahora vamos a ver todo lo que han dicho del demonio aquellas personas que lo conocen más de cerca, que se han enfrentado a él, me refiero a los exorcistas, y también tomaremos la opinión de dos connotados demonólogos.
Habla Don G. Amorth:[38] “En primer lugar, por parecernos una cuestión por demás importante, ponemos la siguiente afirmación: Es equivocado afirmar la existencia de otras fuerzas o entidades espirituales, ignoradas por la Biblia e inventadas por los espiritistas, por los seguidores de las ciencias esotéricas u ocultas, por los seguidores de la reencarnación o por los que sostienen a las llamadas almas errantes.[39] No existen espíritus buenos fuera de los ángeles; ni existen espíritus malos fuera de los demonios. Las almas de los difuntos van inmediatamente, o al paraíso o al infierno o al purgatorio, como ha sido definido por dos concilios, el de Lion y el de Firenze. Los espíritus que se presentan en las sesiones espiritistas, o las almas de los difuntos presentes en seres vivientes para atormentarlos, no son otra cosa que demonios. Las rarísimas excepciones permitidas por Dios, son excepciones que confirman la regla.
¿Cuáles son los disturbios que el demonio puede causar a los hombres mientras están en vida?
a) Acción ordinaria, la cual está dirigida a todos los hombres, que es la de tentarlos al mal.[40] No todas las tentaciones provienen del demonio, al menos por vía directa, pues en ocasiones tienen origen en nuestra naturaleza caída, que al ser puesta en contacto con imágenes, conversaciones, personas y ambientes malos, puede sentirse atraída hacia el mal.[41] Sólo diremos que según el p. Fortea, la tentación nunca es crónica, y nunca deja secuelas, lo que sirve para diferenciarla de los procesos patológicos.
b) Acción extraordinaria, que es la que Dios le concede sólo en determinados casos, y puede ser clasificada en 6 formas diferentes:[42]
1.- Sufrimientos físicos causados por Satanás externamente. Se trata de los fenómenos que leemos en tantas vidas de santos, ejemplo, el cura de Ars y Padre Pio. Es una forma en que nunca ha habido una influencia interna en las personas que la sufren y jamás ha sido necesario el exorcismo; cuando más la oración de personas que están al corriente de cuanto sucede.
2.- La posesión diabólica. Es el tormento más grave y tiene lugar cuando el demonio se apodera de un cuerpo «no de un alma» haciéndolo obrar o hablar como él quiere, sin que la víctima pueda resistir, y por tanto, sin que sea responsable moralmente. Según Mons. Balducci, es el dominio que Satanás ejerce directamente sobre el cuerpo, e indirectamente sobre el alma de una persona.[43] Esta posesión transforma a un individuo en un instrumento fatalmente dócil al poder despótico y perverso del demonio, pero no se es responsable de las acciones realizadas, aunque sean ofensivas en grado sumo para todo lo que es sagrado y divino, aunque sean brutales, inmorales y, en fin, contrarias a cualquier ordenamiento positivo y natural. No siempre ese dominio se realiza en forma plena; a veces deja una lucidez suficiente para mantener al sujeto consciente de lo que sucede, aunque sea impotente para reaccionar (posesión mitigada); otras veces se limita a una simple molestia física, a veces inexplicable, misteriosa (posesión física). En este estado, el individuo con razón se dice poseído, endemoniado, porque es instrumento y víctima del poder diabólico. Así, tenemos dos elementos en la posesión: la presencia del demonio en el cuerpo del hombre y el ejercicio de un poder.
Esta forma es también la que se presta a fenómenos espectaculares, señales más vistosas: el demonio puede mover a una persona, levantarla, suspenderla en el aire inclusive por largo tiempo, transportarla a cualquier lugar, y todo con la mayor facilidad y rapidez. Con mayor razón puede mover cada una de las partes del cuerpo de las maneras más extrañas, ridículas y espantosas, puede comunicar una fuerza superior a la edad y sexo, puede alterar la conformación exterior del cuerpo, causar todos los tipos de enfermedad y hasta la muerte, puede modificar la voz. Hace hablar en lenguas nuevas, revelar cosas ocultas.[44] Puede extender su acción a todas las funciones de la vida vegetativa y sensitiva, y a través de los sentidos, tanto externos como internos, indirectamente llega al entendimiento y a la voluntad.
Una cosa es si la posesión diabólica es posible en sí misma, independientemente del hecho de que se realice o no, y otra es ver si concretamente se dan casos ciertos, seguros (posibilidad concreta)
Que sea posible es fácil darse cuenta por el concepto mismo del fenómeno; en efecto, nada impide que el demonio pueda entrar en un cuerpo y servirse de él a su gusto como dócil instrumento. Esta posibilidad resulta también del hecho que Cristo confirió a los apóstoles el poder para liberar a los endemoniados. Sin embargo, la posesión no se queda solamente en el campo de una posibilidad abstracta, teórica, sino que entra en el mundo de las realidades concretas.
3.- La vejación diabólica. Disturbios y enfermedades de graves a poco graves, pero que no llegan a la posesión y a hacer perder la conciencia ni hacer cumplir acciones o pronunciar palabras de las cuales no sea responsable, ejemplo bíblico, Job, la mujer encorvada y el sordomudo curados por Jesús. Otro ejemplo sería san Pablo, que tenía una vejación diabólica que consistía en un disturbio maléfico.[45] Coincide con la infestación personal de Mons. Balducci.
4.- Obsesión diabólica. Se trata de asaltos espontáneos, en ocasiones continuos, de pensamientos obsesivos, y frecuentemente, racionalmente absurdos, pero tales, que la víctima no esté en posibilidades de librarse de ellos, por lo que la persona vive en un continuo estado de postración, desesperación, tentaciones de suicidio. Casi siempre las obsesiones influyen también en los sueños. Coincide con la infestación personal de Mons. Balducci.
5.- Sujeción diabólica. Llamada también dependencia diabólica; se cae en este mal cuando voluntariamente nos sometemos al servicio del demonio, las más usadas son el pacto de sangre y la consagración a Satanás.[46] Una de las primeras referencias del pacto con el demonio es a través de San Jerónimo. No siempre el demonio tiene la capacidad de cumplir los deseos, aunque puede prometer mucho. Estas acciones se pueden romper, pues nadie nos puede quitar la libertad.
6.- Infestaciones diabólicas sobre casas, objetos, animales. La opinión de G. Amorth, es que esta clase de mal siempre se refieren a cosas, no a personas. Según Mons. C. Balducci, esto sería la infestación local, que es una actividad que el demonio ejerce directamente sobre la naturaleza inanimada, perteneciente al reino animal y vegetal, para luego llegar indirectamente al hombre con intenciones siempre maléficas.
Visto todo lo anterior, oigamos algo de lo que Nuestro Señor dice a Monseñor Ottavio Michelini acerca del demonio:
- Siendo superior a la naturaleza humana, puede mucho sobre ella, y se vale de esta superioridad para azuzar al hombre al mal, él sabe induciros a un radical cambio en el modo de vivir.
- Él puede mucho más sobre la naturaleza humana de lo que el hombre puede sobre la naturaleza animal, y tú ves cuánto puede el hombre sobre la naturaleza animal.
- El hombre puede dominar a un animal, pero Satanás puede dominar a un hombre mucho más, mucho más.
¿Cómo defendernos de todos estos males? Los exorcismos solamente para la posesión diabólica, verdadera y propia; para los otros casos deben bastar los medios comunes de la Gracia: la oración, los sacramentos, la limosna, la vida cristiana, el perdón de las ofensas y el recurrir al Señor, a la Virgen, a los Santos y a los ángeles.
Querer profundizar más acerca de las acciones de Satanás en el hombre, y de las características de cada una de las formas extraordinarias de acción, exceden con mucho la finalidad de este trabajo, por lo que lo dejaremos de lado para no extendernos demasiado.
Sólo quisiera citar las palabras del apóstol Juan en su primera carta 518: «Sabemos que todo aquél que es hijo de Dios, no peca, mas el nacimiento que tiene de Dios por la gracia le conserva; y el maligno espíritu no le toca»[47] El mal está en nuestra falta de fe, en nuestro mal obrar, en la falta de oración, falta de verdadera vida Eucarística, falta de intimidad con nuestra Madre Santísima y con la corte celestial.
Según el Jesuita francés Tonquédec, notable exorcista, dice que hay un grandísimo número de infelices que, aun no presentando señales de posesión diabólica recurren al ministerio del exorcista para ser liberados de sus sufrimientos: enfermedades rebeldes, adversidades, desgracias de todo tipo. Los endemoniados son muy raros, pero estos infelices son legiones. Sin embargo en mi experiencia, dice el p. Amorth, tengo la seguridad de que en la época actual el número de afectados ha aumentado grandemente. Un primer factor para esto es la situación del mundo consumista de occidente, en el cual el sentido materialista y hedonístico de la vida ha hecho que la mayoría pierdan la fe,[48] y a medida que disminuye la religión aumenta la superstición. Junto con lo anterior, enumera el p. Amorth algunas causas, según él, del aumento en los casos de acción demoníaca en las personas: la práctica del yoga, del zen, de la meditación trascendental; prácticas basadas en la reencarnación, en el disolverse la persona humana en la divinidad, en fin, sobre doctrinas inaceptables para un cristiano. La magia, el espiritismo, la multiplicación de «espectáculos» del horror, donde al sexo y a la violencia se le agrega frecuentemente un sentido de perfidia demoníaca. Ni qué decir acerca de la negligencia de la jerarquía de la Iglesia, donde se ha descuidado el punto crucial de la batalla en contra del demonio y por lo mismo se ha disminuido la práctica del exorcismo, hasta el punto de que muchos Obispos nunca han visto, mucho menos practicado uno.[49]
¿Cómo se puede caer en los disturbios extraordinarios del demonio? Las causas se pueden resumir como sigue:
A.- Por permisión de Dios. Vale la pena mencionar a dos personas que recientemente fueron beatificadas por el Papa Juan Pablo II: Don Calabria y Sor María de Jesús crucificado, los cuales, sin que hubiera ninguna causa humana, ni culpa por parte de ellos, ni maleficios realizados por otras personas, tuvieron períodos de verdadera y propia posesión diabólica, en los cuales, los dos beatos han dicho y hecho cosas contrarias a su santidad, y sin tener ninguna responsabilidad, porque era el demonio quien obraba sirviéndose de sus miembros.
B.- Cuando se sufre un «maleficio». También aquí no hay culpa por parte de quien es víctima de este mal. El «maleficio» es dañar a otros a través de la intervención del demonio. El modo más usado es la brujería, y también es la causa más frecuente de posesión y de otros disturbios maléficos. Hay maleficios para matar, para provocar posesión, para que le vaya mal en los negocios, para provocar enfermedades, etc.
C.- Por un estado grave y endurecido de pecado. Este estado en la actualidad va en aumento, por lo que también va en aumento el número de personas afectadas por el demonio. El evangelio nos presenta un caso emblemático en la figura de Judas. ¿Quién sabe cuántos esfuerzos haya hecho Jesús por llamarlo y corregirlo? Recibiendo sólo rechazos y endurecimiento en el vicio, hasta que llegó al colmo: «¿Cuánto me dais si os lo entrego?» Y le fijaron 30 monedas (Mt. 2615) Luego leemos aquella tremenda frase durante la última cena: «Y entonces Satanás entró en él» Jn. 1317 En la actualidad hay familias en las cuales las personas viven estados matrimoniales desordenados, abortos, perversiones sexuales aberrantes, homosexualidad, drogadicción, etc. En todos estos casos, el camino de curación inicia en una sincera conversión. Aquí el p. Fortea introduce el término “hechizo”, el cual es aquella operación que se hace para obtener algo positivo con el concurso de los demonios. El hechizo no suele conseguir lo que se busca con él, pero puede provocar posesión, o algún tipo de influencia, siempre en el que lo hace o en quien lo encarga.
D.- Por frecuentar lugares o personas maléficas. Esto es la práctica o la asistencia a sesiones espiritistas,[50] magia, cultos satánicos o sectas, prácticas de ocultismo, frecuentar magos o hechiceros, escuelas satánicas. Son formas que exponen al peligro de incurrir en un maleficio, en una consagración o pacto con el demonio.
Es oportuno poner aquí las palabras de Jesús a Mons. Ottavio Michelini en el libro “Confidencias de Jesús a un sacerdote”


Sagrado Corazón de Jesús, presente en todos los Sagrarios del mundo, en tí Confío! Siempre
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